Volunturismo, ¿solidaridad o pantomima?

Los “viajes de voluntariado” son cada vez más recurrentes en los planes de ocio de un perfil de turista que se define como consciente, comprometido y solidario.

La experiencia de viajar a un país con menos recursos en los que sociedades en desigualdad reciben una ayuda de forma temporal es un paquete turístico a la orden del día.

Lamentablemente, en la comercialización y consumo de esta experiencia se identifican ciertos patrones de cuestionable moral.

De un viaje solidario a una experiencia pervertida

Hace unos años realizar un viaje de voluntariado no era una experiencia al alcance de cualquiera. Para acudir a un destino como voluntario, las agencias demandaban unos requisitos exigentes y coherentes con la actividad que se fuese a desarrollar.

Perfiles con conocimiento sobre el campo de propósito: medicina, veterinaria, educación, arquitectura, trabajo social… eran los únicos privilegiados que podían asumir la responsabilidad del viaje de voluntariado.

La controversia actual reside en la evolución de esta realidad que lejos de reunir a un equipo de personas aptas para desarrollar el trabajo de voluntariado se dispone en un escenario de actores sin conocimiento que en muchos casos generan más impactos negativos que beneficios sobre el destino.

La hipocresía del voluntariado

La mercantilización de la experiencia de voluntariado ha detonado en un juego turístico entre el destino y el viajero que deja a ambas partes desprotegidas.

Por un lado, el aumento de la demanda lleva a los destinos desfavorecidos a depender de esta actividad como recurso económico, dando como resultado algunos datos vertiginosos.

Según UNICEF en Camboya, un destino en el que los orfanatos crecen en número, tres de cada cuatro de los menores que viven en ellos no son realmente huérfanos o cuentan con familiares que pueden atenderles. Lo mismo sucede en países como Sri Lanka y Liberia, donde el porcentaje de falsos huérfanos asciende al 92% y 98% respectivamente.

Este escenario recuerda al artículo De la Teatralización de la cultura a los Safaris humanos en el que se analizan los impactos negativos del turismo indígena. En ambos casos, se interpreta el acto de la supremacía occidental que somete a sociedades subdesarrolladas, cubriendo esta realidad bajo el manto de la “solidaridad” por mera desinformación.

Por otro lado, este teatro solidario aleja al turista de la experiencia real, destinando su inversión de tiempo y dinero a fines vacuos de carente ética. La cuestión es, ¿en quién reside la responsabilidad para revertir esta realidad turística?

Quiero hacer Volunturismo

Si te apetece llevar a la práctica el volunturismo, pero tras reflexionar un poco no sabes si eres el candidato idóneo, puedes hacer un ejercicio de introspección para decidirte.

¿Cuál es mi principal motivación?

Pregúntate si existe alguna causa que te mueva y en la que quieras implicarte. Aunque esto pueda parecer redundante por el fin intrínseco que conlleva el voluntariado, será la primera pauta que habrás de conocer para saber si esta experiencia entendida desde la responsabilidad es para ti.

En el caso de que no te sientas comprometido con algún proyecto, existen otras alternativas viajeras y no correrás el riesgo de contribuir a la degradación que genera este estilo de turismo.

¿Qué puedo aportar al destino?

Tener conocimiento sobre el área de trabajo a desarrollar debería de ser una prioridad. Ten en cuenta que en muchos proyectos se trata con vidas en riesgo de exclusión, animales, medioambiente o construcción. Contribuir con estas causas sin tener siquiera nociones no generará un impacto positivo en el destino.

Los proyectos en los que participan turistas que no están formados requieren más tiempo, correcciones y, por ende, supone un mayor coste económico.

Una casa construida en Honduras por volunturistas cuesta $30.000 y la misma casa construida por locales cuesta $2.000. Es decir, si los simpatizantes con la causa hubieran contribuido económicamente en lugar de mano de obra, se podrían haber construido 15 veces más casas.

Tina Rosenberg para The Guardian (2018). Contexto: Huracán de Mitch 1998

Además, se debe considerar el hecho de que es posible que la mano de obra local quede desplazada por esta contribución humanitaria. Al fin y al cabo, el volunturista trabaja de forma gratuita.

En definitiva, la aportación de un volunturista sin conocimientos es más costosa, precaria y genera un impacto negativo en el destino.

¿Cuánto tiempo permaneceré de voluntario?

El grado de implicación en la causa puede medirse por esta cuestión. Es complicado permanecer mucho tiempo en un destino dado el limitado tiempo libre que marcan los ritmos del estilo de vida actual. Sin embargo, involucrarse en un proyecto requerirá un esfuerzo y una implicación que en muchas ocasiones es inviable desarrollar en el tiempo propuesto por las organizaciones que comercializan los paquetes de volunturismo.

Volviendo a los voluntariados tradicionales, era bastante difícil encontrar experiencias con una duración inferior a tres meses. Actualmente, se comercializan inmersiones por días. Un tiempo imposible para desarrollar un trabajo satisfactorio.

¿Me quiero sentir bien o quiero hacer las cosas bien?

El propósito de tu decisión servirá como guía responsable. Qué es lo que persigues con la experiencia de voluntariado. Probablemente, haciendo introspección con las preguntas anteriores esta respuesta sea más fácil de encontrar.

No se trata de recibir más de lo que puedes aportar, sino de encontrar un equilibrio recíproco de intercambio en positivo.

La tematización que disponen los destinos para satisfacer la necesidad solidaria del turista, la mercantilización de una experiencia insustancial y la desinformación del voluntario es una círculo de irresponsabilidad que queda lejos de la intención primogénita del voluntariado. La tendencia que plantea el volunturismo es una realidad que podemos revertir.

La implicación de las organizaciones que promueven estos viajes en el destino, así como su transparencia en el objeto y gestión de sus ingresos, serán pistas que guíen al volunturista para tomar una decisión consciente.

Aboguemos por un volunturismo consecuente, transparente, consciente y responsable.

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